La brisa enredaba su pelo que limpio y brillante volvía sus rizos al sol. El mar y la arena andaban cogidos de la cintura y besaban sus labios carentes de reparo alguno. La chica desnudó su cuerpo y , como de la noche, las luces huyeron como mariposas.Rubia y erguida, la sangre en su piel tatuaba ríos creciendo en su orilla.
Mas la bellísima chica pensó que era susurro lejano, de todas formas morir nunca fue un golpe tan bajo.
(Imagen: Bouguereau )
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